En la ciudad que nunca descansa hay vida intensa tanto en sus rascacielos de oficinas, en la superficie de la ciudad como debajo de ella. Ahí, donde no penetra jamás la luz del día, hallamos una ciudad donde solo el ir y venir de los ocupantes de sus trenes marca la diferencia horaria de su latente traqueo sobre las vías de acero. Es el metro de New York, o SubWay como lo llaman ellos.